El rebaño

Alguien decía por ahí hace no mucho que esto de la grabación de campo es ‘el arte de llegar tarde’, y esa es la sensación que estoy teniendo a menudo en SBG. Por ejemplo, llegué tarde a registrar la mayor tormenta que ha pasado por aquí desde que llegamos (y por supuesto me empapé intentándolo), he llegado tarde a colocar micro y pulsar rec ante numerosos llamativos cantos y llamadas de pájaros que se callan a nuestro paso por los rincones de los caminos que serpentean a través de las sierras que rodean el pueblo. E igualmente también ha estado resultando escurridizo ese rebaño de ovejas que merodea alrededor de Sant Bartomeu.

Pero igualmente que ocurren esos, supongo, gajes del oficio, es genial cuando consigues capturar algo por sorpresa, y, al menos por una vez (jeje) no sólo con tu propia memoria, sino también a través del micrófono. Son impagable esos momentos cuando lo inesperado sale al encuentro y ello ocurre precisamente mientras nos encontramos escuchando atentamente.

Algo así me paso hace un par de días, de buena mañana en la Font de la Teula, apenas a un par de kilometros del pueblo. Estaba grabando su pequeño chorro, que destacaba sobre el ambiente de tranquilidad, con algunos pájaros acompañándome y el mugido ocasional de vaca en la distancia, cuando de repente me pareció escuchar un tintineo que se hacia más y más presente… pensé que estaba alucinando, recordando ese mismo rebaño que precisamente escuchamos por última vez el dia anterior al anochecer desde el pueblo y al que de nuevo no llegamos a tiempo de acercarnos demasiado. Pero no, esta vez no eran alucinaciones, de repente, en apenas unos segundos me vi casi rodeado por el rebaño, que en estampida, guiado por un apresurado pastor y un par de perros, corrían ‘de mudete’ hacia algún otro lugar donde pastar. El numeroso grupo lo cerraban un par de niñas de unos 10 años con sus varas, que imagino en vacaciones se dedican a echar una mano encargándose de esta labor.

Bastante atónito, apenas pude reaccionar, retirándome unos metros a saltos por el barro para no ser arrollado, e intentando mantener el micro en pie. La experiencia apenas duró un minuto pero fue intensa. Esta es la huella sonora de aquel instante.

SBGFontTeulaRebaoPasando.mp3

La Tía Abujeta

La Tía Abujeta

La Tía Abujeta

Eugenia Malpartida y su marido Pedro Abujeta llegaron a Vegaviana como colonos cuando las casas aún estaban en construcción. Así era ella en esos años, en los que  vivió junto a su familia en barracones mientras sembraban los primeros cultivos del pueblo. Hoy, con 94 años, es la vecina más longeva y querida de Vegaviana.