DIARIO PUEBLA #8

Las relaciones que se generan entre los habitantes autóctonos del lugar y la nueva población que ha venido en los últimos años a vivir a esta pequeña comunidad son muy complejas. Los apisquillos se encuentran entre esta nueva población y quizás ha sido su presencia y su actividad lo que ha propiciado el asentamiento de más gente joven que comparte una misma mirada, con muchos matices diferentes, sobre el desarrollo en este entorno.

Mucha gente mayor y algunos más jóvenes se han alegrado mucho de la llegada de gente joven al pueblo que prosiga con unas actividades agrarias y ganaderas, que se hubieran difuminado en la memoria colectiva de no ser por la continuidad que le están dando esta nueva población. Ven en ellos una oportunidad para compartir conocimientos y ayuda en los trabajos puntuales más duros.

Hay otro sector de la población que no está tan contenta de la presencia de esta nueva población “neorural” . Es, en general, la parte del pueblo que reside en diferentes municipios de la capital y que sólo viene a pasar el fin de semana o diferentes periodos vacacionales. También aquí hay matices muy variables sobre el modo de entender el desarrollo en el pueblo, pero en general la idea más encontrada se caracteriza por entender esta población cómo lugar de descanso y recreo, llegándoles incluso a molestar la continuidad de la actividad ganadera. Coexiste un interés creciente por un desarrollo local vinculado a la especulación, diseñando planes de desarrollo urbanístico que han sido muy controvertidos y que han ocasionado enfrentamientos muy duros entre la población local. Entre ellos se encuentra la planificación de 52 chalets con sus correspondientes calles, rotondas y un puente descomunal que cruza un pequeño riachuelo. Toda esta infraestructura ocuparía una zona de cañada con una impresionante mata de robles centenarios.

Es interesante ver cómo los conflictos entre la población local se visualizan ya antes de llegar al pueblo a través de los grafitis pintados en quitamiedos, carteles, contenedores de basura o en la propia carretera. Estas pintadas espontáneas contrastan con el paisaje generando lecturas muy diferentes sobre la realidad del propio paisaje. Expresiones directas que reflejan parte de los pensamientos y sentimientos de la población y las dos diferentes maneras de entender el desarrollo rural: por un lado la oposición a la especulación en el territorio, a las fumigaciones de pinos en una zona de reserva de la biosfera, a los rallys que cada año cruzan el pueblo … y por otro lado, nos encontramos con las pintadas que reflejan el rechazo a un tipo de desarrollo basado en la protección del medio a través de su uso tradicional (forestal, ganadero, agricultura…)

Sobre esta problemática, es muy interesante analizar las contradicciones y complejidad de términos cómo “ecologista”, que en el entorno rural toma matices muy diferentes dependiendo del punto de vista con el que se mire. Por un lado está el uso peyorativo de este término, “ecologeta” que utiliza la población que busca un desarrollo inmobiliario en la zona. Otras veces, por el contrario, son los propios habitantes los que se ven agredidos por las políticas ambientales proteccionistas, que se tiñen bajo el verde del ecologismo para aplicar políticas centralistas que nada tienen que ver con el tradicional aprovechamiento del entorno.