DIARIO_PUEBLA #3

En estos últimos días los trabajos del huerto se acumulan mientras van creciendo los surcos de hortalizas acompañados de labores continuas de cuidado y cosecha… ocupaciones que no se separan del resto de las actividades cotidianas cómo la crianza, con la que comparte un espacio de aprendizaje y disfrute a través del propio devenir de las actividades diarias que se transforman en juegos espontáneos.

Una manera muy diferente de vivenciar la separación tan dramática que se ha establecido en la sociedad contemporánea entre trabajo-ocio, rentabilidad-hedonismo o el propio concepto separador que archiva en cajones diferentes y completamente aislados el trabajo de tu comunidad más cercana.

Esta parte de producción hortícola de Apisquillos se ha orientado hacia una progresiva autosuficiencia, pero lo más interesante cómo nos cuenta Miguel es:  “sirvió, como muchas veces las cosas pequeñas que buscan cubrir necesidades básicas, para conectarnos con mucha gente tanto local, cómo foránea: colaborando con vecinos amigos en el cultivo, con asociaciones promotoras de variedades locales, participando en la organización local de los riegos y trabajos comunes…”

Estos días precisamente hemos estado realizando, las labores de limpieza y mantenimiento  de la reguera de las Huertas de Arriba. Este tipo de tareas de organización comunitaria han sido fundamentales para el desarrollo económico de este tipo de poblaciones construidas en torno al aprovechamiento de sus recursos y la gestión comunal del territorio.

DIARIO_PUEBLA #2

 

A través del aprovechamiento de los recursos locales, los apisquillos buscan ampliar al máximo el proceso de autosuficiencia, para tratar de vivir del campo colectivamente. De esta manera, la parte productiva se ocupa del manejo extensivo de rebaños de ovejas y cabras de razas rústicas y autóctonas, del cultivo de huertos priorizando las variedades locales y el aprovechamiento forestal para pastos y leña.

El porqué elegir el mundo rural para iniciar un proyecto de este tipo, ha sido precisamente la búsqueda de la autogestión en el cotidiano. Otro motivo de peso ha sido la inquietud por el preocupante desmoronamiento de la cultura campesina y las ganas de recuperar los saberes tradicionales del mundo rural para reconvertirlos en nuevos caminos para vivir colectivamente. Una decisión que parte de unos objetivos muy claros pero complejos a la vez, cómo cuenta Álvaro: “… unir el pensamiento y la acción, vivir lo que queríamos vivir, estar en contacto directo con la tierra, con lo vivo, con lo no mediado, comenzar el camino de la reapropiación, intentar sustraernos de la sociedad del espectáculo, despojarnos del aburrimiento y la inconsistencia de la militancia ciudadana…”