Hanami calerano

Ya hace tres semanas que celebramos el hanami calerano, bajo sólo un par de almendros en flor, los autóctonos. Ayer y antes de ayer han sido los días más frios del año. Los capullos de los almendros no autóctonos no han florecido todavía. Aunque hubiésemos celebrado el hanami en estos últimos días de febrero, tampoco nos habrían tocado en flor. Chele dice que aguantan hasta que se pasan los frios, pero en cambio los autóctonos florecen siempre igual, en febrero. Me dijo un dicho: el que de agricultura ha de saber, ni ha nacido ni está por nacer.

El día estuvo bueno, y en el rato que pasamos juntos los diez, más algunos niños, cascamos 4 kilos de almendras. También comimos, bebimos y dimos un paseo. Si viviésemos todos por allí quizás habríamos esperado hasta un día más adelante, cuando todos los almendros estuviesen en flor, siguiendo el ritmo que marca el campo y no el de nuestras agendas. También si viviésemos por allí, se habría prolongado la celebración el tiempo necesario para conseguir cascar todas las almendras de la cosecha pasada, porque por lo menos quedan todavía otros 15 kilos.

Cristina hizo muchas fotos y cuando me las mandó me parecieron muy bonitas, pero luego me parecieron tan bonitas que hasta le dije que se me hacían, quizás, exageradamente bonitas, porque aunque yo recordaba el día como experiencia muy bonita, no lo recordaba visualmente tan bonito. Me respondió que si quería me las “afeaba” un poco y así lo hizo. Esto me recordó algo de la mesa redonda durante Arco en la que hablé de la satisfacción por cascar almendras manualmente, con piedra, y alguien respondió sobre el peligro de idealizar la labranza.