otros tres

12 octubre

Esta semana visité una exposición en la que había una habitación dedicada a William Morris y se exponían varios bordados. Justo la semana pasada Oki me había estado enseñando algunos de sus bordados porque yo le había dicho que me gustaría aprender a bordar. Nos enseñó una tela con muestras, una toalla y una cartera. Dice que ese tipo de bordados no se ven por ahí, que no son para vender porque esa labor no se puede pagar. Yo pensaba que Oki ya no bordaba porque tenía el recuerdo de que antes la veía bordar sentada en el porche afuera de su casa y hace mucho que no la he visto, pero ya no sé si quizás lo imaginé por las ganas que me daban de hacerlo a mí, o de que ella lo hiciese, o de que alguien lo haga. Dijo que su hija nunca ha querido aprender.

Alejandro había metido los caracoles en una jaula que está colgando de un olivo afuera de su casa. Dijeron que si los hubiese dejado metidos en la bolsa del Corte Inglés, se la habrían comido. Yo me había pasado toda la semana imaginando a los caracoles tratando de escapar de esa bolsa. Me acordé de una vez, en casa de mi abuela cuando era pequeña, que metí un caracol en un tarro de cristal, con la tapa cerrada pero con huequitos. A la mañana siguiente el tarro estaba vacío y pensé que de algún modo el caracol pudo escapar, no pensé que mi abuela lo hubiese tirado. Me quedo pensando que lo de ahora ha sido igual, pero al revés.

Ayer, 21 de octubre, todavía seguían en la jaula, pero que esta semana ya los preparan dijo Alejandro.

Fuimos a pasear por las partes que están más cerca del río y que no se usan para cultivar. Había unas flores que parecían azafrán, le pregunté a Chele y dijo que antes se comían los bulbos, que ellos les decían flor de semente porque sale en tiempo de siembra. Lo he mirado en Internet pero todavía no sé si eran Crocus o Colchicum. También encontramos un vidrio del mismo color que la flor.

Cuando viví en San Francisco, una de las cosas que aprendí a comer fueron los sandwiches de mantequilla de almendras con plátano. En la finca hay almendros hace tiempo pero sólo el año pasado se me ocurrió comerme esas almendras. Quise poder comer otra vez esos sandwiches así que averigüé cómo hacer la mantequilla. Desde entonces cada vez que voy a la finca paso bastante rato cascando almendras. El año pasado en vez de venderlas todas me dejaron a mi un cubo lleno (no sé de cuantos kilos). Este fin de semana he terminado con esas, justo a tiempo para empezar a cascar las de este año. Dicen que este año no van a vender ninguna para que me las coma yo todas. Yo quiero compartir mi mantequilla pero no me imagino a Chele, Oki, Alejando o sus hijos comiendo esos sandwiches, aunque quizás es un prejuicio sin sentido. Pienso que tengo que hacer algo que sea normal aquí así que voy a intentar hacer mazapán.