Algunas señales

Este recorrido extramuros por viejas cabañas, montes y animales comenzó con una invitación de Campoadentro y una localización en el pueblo de Almonaster la Real -en la Sierra de Aracena. Pensé que ante esa invitación abierta -sin motivo previo ni lugar-  lo mejor sería trabajar por alguna necesidad que se diera en el pueblo, trabajar para resolver la necesidad pero también para tomarla como punto de partida real desde el que pensar en algunos asuntos planteados en las cuestiones lanzadas por Campoadentro. Esa necesidad concreta no apareció ni se encontró, así llegué por primera vez al pueblo tratando de dar con las señales de un trabajo posible. El encuentro con el grupo de construcciones abandonadas del cerro de la mezquita tomó rápidamente sentido, la extrañeza y naturalidad de su posición, sus formas y medidas, daban cuenta de una profundidad trabada en el tiempo.

Se ha tratado este tiempo de algo así como estar atento, se ha tratado entonces más de estar que de ser. Hacer del proyecto una escucha más que una propuesta, poder darle un poco de tiempo a todo para que se pudiera formar una suerte de relato. Y en paralelo a este relato comenzaron a aparecer señales por todas partes. El trabajo trata también de decantar algunas de ellas.

La tabla de Fra Angélico -Thébaïde- está pensando en un lugar similar al de esta propuesta. Su visión hace avanzar sustancialmente ésta. Presenta una situación de extraña sintonía, las laderas de un monte,  y pequeñas construcciones diferentes pero atravesadas por ese mismo impulso común, caminos y animales; los eremitas pueblan este monte, cada uno es diferente. Acercándonos vemos cómo ordeñan una cierva, o dan la mano a un osezno, los animales comparten el espacio. El eremita trae consigo la idea de soledad, pero también el encuentro real con las cosas mismas, estos eremitas están en el mundo con toda su completud,  solos pero en compañia, todo alrededor contiene la misma importancia, todo se acompaña.

He dibujado varias veces la situación del cerro para entenderla y ver cómo estas construcciones se enlazan y a su vez son indivisibles de la mezquita y plaza de toros. Son parte del antiguo poblado medieval, pegadas a la muralla en extramuros,  sus piedras se han montado y desmontado en varias formas diferentes desde su fundación, pero eso no se cuenta en ningún mapa. En estos primeros dibujos de cuaderno se constata lo que hay, y parece que sea ya suficiente, el proyecto es entonces una lectura atenta, la toma de conciencia del mecanismo que aquí está en marcha. Estas construcciones, algunas más o menos caídas, otras sin cubiertas, son hermosas ya, tal y como están, no hay ningún retoque sobre ellas, son un extraño encuentro entre lo salvaje y lo meditado. Ofrecen la posibilidad de un paseo de señales, un lugar arqueológico, sin cartelas, sin luces, sin museo.

Cuando el pasado está tomado por la organización del poder y su aparato estas cosas es lo que nos queda como arqueología a los pobres, esto es lo que podemos investigar, decía Ángel, un apasionado antropólogo de las trincheras de la guerra y de los mojones de la caminería medieval. Arqueología de la pobreza.

A uno le dan ganas de irse a vivir allí al cerro.

Si acaso se podría tratar de concretar una operación de síntesis, un ensayo. Qué forma construída sería posible a partir del relato, de lo que se ha ido vinculando poco a poco en este cuaderno. Una operación posible sería la de levantar una cubierta, pero no tanto para habilitar un espacio, sino una cubierta que sobrevolara por encima de algunas de estas estancias dando a ver las relación que las atraviesa, haciendo aun más conjunto, dando a ver la extraña comunidad. Quizá la materia de la cubierta pueda registrar la forma de la vida que allí se dió. Sería bonita la idea de volver a traer a los animales al cerro,  que corrieran de nuevo y descansaran entre esas construcciones humanas. El lugar tomado por todas esas testuces, el registro de las testuces: el lugar donde poder poner la mano también si acaso un humano, la superficie de contacto del encuentro posible.

Imagino al cro-magnon moldeando el cuerpo del animal sobre la piedra irregular. Esa gruta es en realidad un pasaje, y no el refugio de los humanos frente a las bestias. La Grotte Chauvet era el refugio del oso cavernario y de otras fieras, sus pisadas y zarpas están marcadas por toda la roca. A esa misma gruta entraba el cro-magnon y trazaba con carbón un relato de bestias, no sabemos si aprovecharía su ausencia o cómo lo lograría. Las figuras marcadas sobre la piedra están encadenadas en su movimiento, recorren la gruta más de cuatrocientas figuras y dieciseis especies, como un desplegado de los contactos de Muybridge. Protocine.

Cuentan que en el Paleolítico se daban dos fenómenos que conducían toda la actividad del cro-magnon, eran la  permeabilidad y la fluidez, asi han denominado a la capacidad del espíritu para pasar de unos seres a otros y a su vez a lo que hoy llamamos inerte.

 

En este tiempo también hemos estado investigando sobre moldeos, prototipado de  formas hechas con espuma.  Es inevitable pensar en el trabajo que está haciendo Leticia con todo esto. Tratar de dar con una forma del movimiento, trazando catenarias, y encofrando la espuma con algo fungible.

Habíamos subido juntos al cerro ya varias veces -Angelita, Eloy y Miguel-, quienes entre otros han dado forma a este relato. Ellos son algunos de los muchos vecinos que legalmente poseen estas viejas cabañas, pero no su tierra, suelo que hoy se llama público. La ley decía: el que coloca las piedras adquiere el derecho. Esta situación guarda una posibilidad: releer la situación desde la idea de tierra comunal. Esta última vez subimos con unas lonas grandes, unos palos y bastantes aparejos, también con una colección de las fotos que han ido formando este relato. Hicimos pruebas de resistencia y de medida. El paseo de una cubierta que se movía por todo aquello sostenida por varias manos, y extendiéndose sobre los recintos medio en ruinas acogía en el mismo gesto el recuerdo de lo que aquello había sido y de lo que ahora se barrunta.

Quizá se pueda hacer un cine. Una imagen fugaz, una superficie de cuerpos en movimiento. Carne y piedra. Quizá se pueda aprender de lo que encierran los aparejos, de todas esas casas de los vecinos,  de los dibujos de este relato hechos por varias manos. Algo que devuelva alguna forma material a todas estas señales.

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About Susana Velasco

Susana Velasco se forma en el ámbito de la arquitectura, viene trabajando sobre formas de vida-arquitectura-emancipación-espacios-mundo. Uno de estos trabajos colaborativos es la construcción de la Cámara Solar del pueblo de Herreruela. Forma parte de Ludotek donde durante los últimos años han tratado de encontrar la potencia en el vínculo de infancia, arte y política. Junto a Rafael Sánchez-Mateos también trabaja en el proyecto Cunctatio –retardo, periferia y resistencia- que hasta ahora ha tomado forma en la periferia de Madrid con Cunctatio del Sur. Estas experiencias le llevan ahora a recorrer el frente de trincheras de la Batalla de Madrid y a buscar formas de autoconstrucción y lucha que llevan consigo en algún caso una idea de separación y a su vez de encuentro con el mundo. Trata de encontrar un vínculo natural entre el trabajo de investigación y el de docencia en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid.