Casas de todos/ la propiedad

Hasta hace no mucho tiempo en Almonaster se daba un fenómeno particular en la estructura de la propiedad y la organización de la vida en el pueblo. La población se repartía diseminada por los montes en una constelación de pequeñas aldeas comunicadas con el núcleo del pueblo por caminos. A pié o en bestias, las distancias son de cuatro  hasta treinta kilómetros. Esta circunstancia propició que los vecinos de estas aldeas formaran pequeñas sociedades y se organizaran para adquirir y mantener una casa en el núcleo del pueblo, una casa comunal para los vecinos de la aldea. Esta costumbre de compartir una casa se fue perdiendo, se vendieron y han sido remodeladas, desapareciendo zaguanes para bestias y multitud de pequeños gestos materiales construídos por la idea de comunidad. Alguna de ellas guarda aún parte de ese espíritu. Estos últimos días los he pasado en la antigua Posada de la aldea del Arroyo -hoy casa de Titín-, por allí siguen pasando hoy singulares vecinos de una extraña aldea, algunos venidos de Rusia, otros abandonando los hábitos y huyendo de la vida de un convento cercano. Se recuerdan todavía muy bien estas antiguas Posadas. Eran casas concurridas, pequeños centros vitales donde se sucedían constantemente acontecimientos. Construcciones sencillas, contaban con varias habitaciones para acoger al que llegaba con alguna urgencia o trámite. Los vecinos de las aldeas llegaban montados en bestias, por lo que la entrada se hacía por un zaguán empedrado, así que estas casas estuvieran preparadas para que los animales pudieran entrar y salir con facilidad y descansar en su interior.

Es curioso como se situaban estas casas comunes dentro de la trama del pueblo, cercanas siempre a la salida natural hacia su aldea de origen, como queriendo señalar con su posición el vínculo que las sostenía, Almonaster era un pequeño parlamento donde se daban cita las dieciseis aldeas, haciendo del casco urbano una suerte de sensible palma de la mano, una miniatura de la extensión habitada más allá en los montes.

Algunos vecinos de Calabazares y La Escalada posan delante de aquella casa comunal que compartían. El momento en el que se produce esta imagen -1936- hace de este pueblo, a su vez, otra miniatura de lo que estaba ocurriendo en el territorio español. El día anterior algunos hombres habían derribado la Cruz del Llano frente a la casa común. Los escombros del pedestal esparcidos por la pendiente sirven de motivo para tomar la foto. Este lugar es uno de los epicentros de la fiesta de las Cruces de Mayo, rituales con un origen pagano bien antiguo que celebraban la naturaleza con bailes y cánticos en torno a árboles y esferas de piedra. El lugar del rito fue cambiando su forma aparente a pedestales y cruces, pero la raiz pagana sigue viva aún. El ocasional derrido del pedestal parece haber desmontado esa forma religiosa, pero también haber devuelto, sin querer, el lugar a las formas de las piedras, su forma más pagana.

En esos días algunos vecinos del pueblo habían constituido lo que se definiría como un comité de defensa de la República, se hablaba de expropiar a los terratenientes las tierras que no usaban y repartirlas entre los más pobres, se hablaba también de crear entre todos cooperativas para labrar fincas comunes, de repartir los frutos y las ganancias, y de otros muchos aspectos que componían la tan famosa revolución. En esos días llegan las noticias del levantamiento de los militares, en casi todos los pueblos de la sierra el Frente Popular había constituido estos comités. Las piezas simbólicas del pueblo cambian de uso, transformando el escenario en una nueva forma de organización, se requisan tierras para su cultivo y se organiza un comedor popular en la ermita del Cristo, la plaza de toros se usa como desolladero para el ganado requisado, la otra pequeña capilla servirá para el comité. El retablo mayor de la Iglesia, tallado en el siglo XV, es abatido. Cuenta alguno que con sus valiosos fragmentos -estructuras de maderos y tallas únicas- se levantó la barricada que pudiera parar la entrada fascista por la Era de la Cuesta.

Qué extraño placer produce imaginar el abatimiento del monumento y la fragmentación por sus vetas más sensibles. Pensarlo desmontado y reconstruído con otro orden nuevo. De la lógica de la composición de superfícies y medio bulto a la lógica del espacio practicado.  El rascacielos de escenas y las figuras preparadas para emitir fulgor van bajando a pie de calle para reorganizarse como un escudo,  mezcándose con los cuerpos mortales, siguiendo así su misma suerte.

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About Susana Velasco

Susana Velasco se forma en el ámbito de la arquitectura, viene trabajando sobre formas de vida-arquitectura-emancipación-espacios-mundo. Uno de estos trabajos colaborativos es la construcción de la Cámara Solar del pueblo de Herreruela. Forma parte de Ludotek donde durante los últimos años han tratado de encontrar la potencia en el vínculo de infancia, arte y política. Junto a Rafael Sánchez-Mateos también trabaja en el proyecto Cunctatio –retardo, periferia y resistencia- que hasta ahora ha tomado forma en la periferia de Madrid con Cunctatio del Sur. Estas experiencias le llevan ahora a recorrer el frente de trincheras de la Batalla de Madrid y a buscar formas de autoconstrucción y lucha que llevan consigo en algún caso una idea de separación y a su vez de encuentro con el mundo. Trata de encontrar un vínculo natural entre el trabajo de investigación y el de docencia en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid.