La crisis y la búsqueda de tranquilidad empujan a la gente a volver al campo

Personas que deciden vivir con el respeto al medioambiente como pilar, parejas que buscan nuevos nichos de empleo, jóvenes que vuelven la mirada al pueblo del que sus padres se habían marchado o profesionales que teletrabajan; todos han hecho el mismo viaje, sólo de ida, al mundo rural.

Las ventajas económicas y los valores sociales que se disfrutan en las poblaciones más pequeñas son algunos de los atractivos de esta vuelta al pueblo que protagonizan los “neorrurales” o “nuevos pobladores”.
Se trata de una tendencia que, según varios expertos consultados por Efeagro, continúa al alza mientras no se supera la crisis.
El coordinador del grupo de sociología rural de la Federación Española de Sociología, José Antonio Pérez Rubio, señala que “cada vez hay más neorrurales, españoles y extranjeros, y muchos son la “vuelta de la segunda generación de emigrantes a las ciudades”.??Ventajas económicas y tranquilidad?No obstante, reconoce que es un fenómeno “muy diverso” porque “son muchas las variables que atraen a los neorrurales”, como las ventajas económicas (menos impuestos o viviendas asequibles), la tranquilidad y las relaciones humanas y sociales.En este sentido, advierte de que, aunque la mayor parte de ellos son jóvenes con perspectivas de futuro, no hay un perfil claro.Personas que cambian de profesión y se dedican a actividades en el mundo rural como el turismo, profesionales que desarrollan su actividad desde casa gracias a las nuevas tecnologías, extranjeros atraídos por el buen clima o comunidades que deciden vivir “de acuerdo con la naturaleza” son algunos de sus perfiles.En cualquier caso, asegura, se trata de un fenómeno “muy interesante, con gran funcionalidad para el medio rural”, que tiene su principal reto en su permanencia en el tiempo, ya que el problema es “qué hacer cuando los chicos comienzan los estudios superiores”.Según publica Benjamín García Sanz en “Ruralidad emergente, posibilidades y retos”, editado por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM), “algo ha cambiado en los últimos años en la demografía rural”.??Un movimiento bidireccional?Así, concluye que la perspectiva “unidireccional” -que consistía en trasladarse a vivir desde los pueblos a las ciudades en los años 60 y 70- “ha dado lugar a un movimiento de ida y vuelta en el que la atracción de la vida urbana se contrarresta con el interés de vivir en el medio rural”.Según el autor, “casi todo” el territorio español ha mejorado su situación demográfica, “con incrementos notables en todos o, casi todos, los umbrales de ruralidad”, sobre todo por la “nueva savia de población joven”, por la inmigración extranjera y por el interés de los jóvenes rurales por quedarse a vivir en sus pueblos.García Sanz recuerda que gran parte de la población urbana ya conocía la vida en los pueblos, porque en un “porcentaje importante proceden de ellos”, aunque lo que cambia es la percepción que se tenía de esta sociedades, que es novedosa.Por ello, “lo aislado, lo atrasado, lo tradicional y sin recursos para vivir se ha trocado en algo deseable, puesto que reúne valores medioambientales y sociales que predica la sociedad moderna”.??”Otro mundo es posible”?En esta línea, el campo también atrae en España a personas que quieren llevar a la práctica el lema “Otro mundo es posible”.Son las familias que viven en las doce “ecoaldeas” que hay diseminadas por Aragón, Navarra, País Vasco, Asturias, Galicia o Madrid, según indica una de las responsables del grupo de coordinación de la Red Ibérica de Ecoaldeas (RIE), Mauge Cañada.Se trata de asentamientos muy “heterogéneos” que comparten línea básicas como los posicionamientos ecológicos, con el referente de la sostenibilidad como pilar, y la autosuficiencia económica, que permite un nivel de autogestión con un modelo asambleario.Cañada indica que cada vez hay más personas que optan por este tipo de vida, hasta el punto de que los proyectos en marcha “no puede absorber” esta demanda y desde esta red se está instando a crear nuevas ecoaldeas.En ese sentido, critica el “desfase” entre la cantidad de personas que quieren volver al campo y el “campo que se muere” por las “dificultades”, especialmente en el acceso a la tierra.En cuanto a la relación con las personas que ya habitan en los pueblos, Cañada aboga por “un aprendizaje mutuo”, ya que “aunque hay veces que se pueden ver cómo cerrados, la realidad es que tienen sus propios ritmos de vida”.

LRS, Campo Adentro por agencias