Todo es Vigo, pero no tanto…

Los de Valladares “bajan a Vigo” cuando cogen el autobús que les lleva a la Plaza de España. Sin embargo, la parroquia también forma parte de Vigo, es su lado rural, su límite natural (donde acaba Valladares acaba Vigo y comienza el colindante municipio de Gondomar). Valladares no siempre formó parte de Vigo, hasta mitad del siglo pasado perteneció al municipio de Lavadores –conocido como la ‘Rusia chiquita’ por su agitada actividad sindical-, actualmente integrado dentro de la ciudad de Vigo, como Bouzas que algún día no muy lejano también fue municipio. Parroquias rurales (Lavadores), marinas (Bouzas) y el centro de una ciudad que se expandió hasta donde pudo –cuando ya no pudo, se anexionó a los montes que la apresaban. El resultado es lo que, en los mapas oficiales, se conoce como Vigo. Una ciudad que arrinconó lo rural –dejándolo como factor testimonial, nostálgico- para centrarse en su actividad industrial, naval, metalúrgica, arrancando mano de obra agrícola para las fábricas. Los mayores de Valladares todavía recuerdan cuando bajar a Vigo no era tan natural ni tan frecuente. Solo lo hacían para comerciar con sus productos agrícolas, para buscarse el pan o por algún motivo extraordinario. Me hablan del tranvía que recorría la costa- como un ente fantasmal que todavía recorre sus recuerdos. Aún hoy existe un desencuentro entre el mapa administrativo y el emocional de la zona. Con ese motivo (pudo ser cualquier otro) me he lanzado a una investigación confusa. Me he acostumbrado a “bajar a Vigo” a pie (son unos cinco kilómetros de bajadita, subirlos es otra cosa) para tratar de elucubrar un límite entre lo rural y urbano. Conforme voy bajando, pregunto a los viandantes “cuánto queda para llegar a Vigo”, para ver cuál es el límite invisible entre Valladares y Vigo. Los resultados nunca se ajustan a mis hipótesis (lo cual demuestra a su vez mi hipótesis de partida): para algunos de mis informantes, Vigo comienza a tres kilómetros de Vigo (?), para otros a dos, para otros en un concesionario de coches y para otros en una cervecería donde suelo hacer un alto en el camino. La Avenida Castrelos (de Vigo) se convierte en un momento dado –no señalizado- en Carretera General de Valladares. Durante dos kilómetros ninguna placa señala dónde acaba una y empieza la otra. De momento, después de intentar extraer conclusiones con la luz de las farolas y la forma de las camareras de pronunciar la letra g, el dato más demostrable lo he obtenido de las alcantarillas: hay un punto en el camino donde aparece el Concello –ayuntamiento- de Vigo como benefactor de las mismas. Luego, mucho antes de llegar al cartel que anuncia que empieza Valladares, aparece el mapa de Galicia en las alcantarillas, sin ninguna referencia a Vigo. Ahí, en el sistema de alcantarillado, en la identificación municipal con su desarrollo y mantenimiento, podría estar la clave oculta de lo qué –a nivel psicogeográfico- es Vigo –urbano, gris, progreso- y lo que no lo es tanto –rural, verde, antaño. ¿Por favor, cuánto falta para llegar a Vigo? “Esto ya es Vigo”… ¿por favor, cuánto falta para llegar a Vigo? “Uff, aún te quedan veinte minutos” (dos respuestas de distintos informantes en un mismo punto). De vuelta hago lo mismo, todavía no he pasado las anotaciones a diagramas, tablas y estadísticas que ofrezcan resultados más o menos fiables, pero las primeras aproximaciones a cuestión tan trascendente apuntan a que la distancia psicogeográfica Vigo-Valladares es superior a la de Valladares-Vigo (obviaré aquí que de subida el esfuerzo empleado es diez veces mayor que de bajada). Y es que no es lo mismo mirar la ciudad de arriba hacia abajo (perspectiva 1) que abajo hacia arriba (perspectiva 2). La perspectiva 1 puede verse desde lo alto del monte Alba, ubicado en Valladares, donde unas magníficas vistas nos muestran Vigo de manera global. Desde allí se observa una ciudad apresada por montes que, ante la imposibilidad de seguir creciendo, se anexionó los parajes naturales que la rodeaban. Desde arriba se puede ver una visión integradora del municipio, un conjunto formado por el mar, el centro de la ciudad y los montes que la encierran. La perspectiva 2 se puede ver nítidamente en un paseo en barco desde la ría (para ello tuve que aceptar la invitación de un vecino a un trayecto en yate, ¡todo por la psicogeografía!). Desde allí, las parroquias periféricas parecen estar más lejos, son el inicio de otro entorno, límite natural de la ciudad. Los de Valladares bajamos a Vigo, los de Vigo suben al monte, pero todo, territorialmente, forma parte de la misma ciudad. Pero hay planos invisibles, fronteras neuronales formadas por distintas capas de memoria, que no aparecen reflejados en los mapas administrativos. Tratar de detectarlos es sumergirse en un pandemonium de recuerdos, distancias, paseos, diálogos de los que, en la mayoría de ocasiones, no sacaremos nada en claro. Pero, oigan, que solo soy un misero psicogeográfico rural, para estadísticas ajustadas a resultados herméticos consulten al Servicio Gallego de Estadística, que tiene datos para todo.

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About Paco Inclán

Paco Inclán (Valencia, 1975). Editor, escritor y agitador socio-cultural. Ha complementado su licenciatura en Ciencias de la Información con varios postgrados que le han permitido especializarse en educación y cooperación. Desde entonces su voluntad creativa desde el punto de vista artístico ha estado vinculada en la puesta en la creación colectiva a través de procesos participativos con grupos humanos. En este sentido ha promovido talleres de prensa, realización de cortometrajes, obras de teatro, play backs/performances o programas de televisión y radiofónicos, contando siempre con la participación e implicación de los usuarios de dichas actividades. Participó como animador socio-cultural en los campamentos internacionales del Forum de Barcelona (2004) y coordinó el Casal de la Juventud de Godella (2001/02). Actualmente edita la revista de arte y pensamiento Bostezo, publicada por la Asociación Cultural Bostezo, en la que ejerce como presidente. Además, es miembro organizador del Festival de Cine de Ciencia Ficción, Fantástico y de Terror Catacumba. Ha colaborado como articulista en varios medios, como el diario mexicano Milenio o la revista Replicante. Ha publicado los siguientes libros: La solidaridad no era esto (2000), reflexiones sobre el trabajo como educador con los niños de la calle en Tegucigalpa, El País Vasco no existe (2004), memoria narrativa de una estancia en el País Vasco y el compendio de su narrativa mexicana en La vida póstuma (2007). Ha sido becado por la Fundación Max Aub y el Instituto de Estudios Catalanes.