Vivo en un contenedor (¿y qué?)

Resido en el interior de un contenedor decentemente habilitado como módulo de vivienda por Alg-a Lab, el laboratorio de arte experimental que me acoge durante mi estancia en Valladares. Nacho y Gustavo, dos de sus miembros, son mis primeros referentes. Me trasmiten confianza y entusiasmo por el hecho de que haya llegado hasta aquí, algo que resulta reconfortante cuando aterrizas en un lugar en el que no conoces absolutamente a nadie. La primera tarde me narran el vaivén de sinergias que han marcado el recorrido de Alg-a, un laboratorio que dio un salto a contracorriente en los tiempos que corren: de lo virtual –un espacio web de intercambio y difusión de experiencias artísticas- pasaron a lo físico –un terreno en el monte donde plasmar proyectos-, para confluir ambos territorios en lo que Nacho llama ‘realidad aumentada’.

Confluyo sin saberlo en la secuencia narrativa de unos obreros, de una Expo Universal, de unos gitanos, de un vertedero, de un arquitecto experimental, de un laboratorio artístico, de un almacén de Tomiño y de un vecino de Valladares: todos ellos han hecho posible que mi vivienda-contenedor se encuentre eventualmente aquí y ahora. Me seducen los momentos descontextualizados, que quieren borrar las huellas del lugar donde transcurren para generar también otros espacios: los locutorios pakistaníes de Lavapiés que imitan la caldeada atmósfera de Islamabab, las teleoperadoras que te saludan desde Bogotá, los partidos dominicales Calcuta-Bombay de cricket en el solar de mi barrio de Benicalap o ese barco de armador panameño con tripulación turca y bandera de Singapur que surca los mares de Timor Oriental.

En cierta manera, mi lugar de residencia guarda concomitancias a pequeña escala con el proyecto de ciudad situacionista elaborado por Benjamin Costant. La idea le surgió en 1956, tras una visita, junto al pintor Pinot Galizio, a un campamento gitano ubicado en la periferia de la localidad italiana de Alba. Imaginó entonces una ciudad nómada formada por unidades habitacionales que se pudiesen trasladar. Un espacio volátil, efímero, que pudiera desaparecer de cualquier espacio en cualquier momento. Un delirio arquitectónico que dejó fluir hasta ensoñar un proyecto de estas características a escala planetaria. Casas, pueblos, ciudades, también parroquias viajando errantes de un lado a otro sin rumbo definido.

Ni que decir tiene que la presencia de un contenedor-vivienda en un hábitat de tintes rurales produce un impacto visual. A veces cuando abro la puerta y piso el pasto me siento como un extraterrestre recién aterrizado. Me resulta simbólico que el contenedor esté ubicado justo al lado de una ancestral construcción gallega como es el hórreo. La modernidad industrial y la tradición rural compartiendo espacio y tiempo efímeros. Valladares. ¿Será eso lo que quiero contar?

Paso los primeros días instalándome en mi nueva residencia, adaptándome a unas nuevas condiciones de hábitat hasta ahora desconocidas. La primera noche repaso los libros que reposan en una estantería de la sala principal. Encuentro las bases del primer concurso de instalaciones artísticas Pon un contenedor en tu vida, convocado por una empresa de gestión medioambiental. Pienso en presentarme, pero igual no cumplo los requisitos; estoy haciendo justo al contrario: poner mi vida en un contenedor. ¿Será eso una instalación?

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About Paco Inclán

Paco Inclán (Valencia, 1975). Editor, escritor y agitador socio-cultural. Ha complementado su licenciatura en Ciencias de la Información con varios postgrados que le han permitido especializarse en educación y cooperación. Desde entonces su voluntad creativa desde el punto de vista artístico ha estado vinculada en la puesta en la creación colectiva a través de procesos participativos con grupos humanos. En este sentido ha promovido talleres de prensa, realización de cortometrajes, obras de teatro, play backs/performances o programas de televisión y radiofónicos, contando siempre con la participación e implicación de los usuarios de dichas actividades. Participó como animador socio-cultural en los campamentos internacionales del Forum de Barcelona (2004) y coordinó el Casal de la Juventud de Godella (2001/02). Actualmente edita la revista de arte y pensamiento Bostezo, publicada por la Asociación Cultural Bostezo, en la que ejerce como presidente. Además, es miembro organizador del Festival de Cine de Ciencia Ficción, Fantástico y de Terror Catacumba. Ha colaborado como articulista en varios medios, como el diario mexicano Milenio o la revista Replicante. Ha publicado los siguientes libros: La solidaridad no era esto (2000), reflexiones sobre el trabajo como educador con los niños de la calle en Tegucigalpa, El País Vasco no existe (2004), memoria narrativa de una estancia en el País Vasco y el compendio de su narrativa mexicana en La vida póstuma (2007). Ha sido becado por la Fundación Max Aub y el Instituto de Estudios Catalanes.