Estoy aquí (algo de contexto)

Me encuentro en la parroquia de Valladares, zona periurbana – o ruruarbana- de la ciudad de Vigo, lo que traducido al roman paladino significaría un entorno con un poso rural y otro urbano que confluyen en un mismo espacio y tiempo. En la zona hay atisbos de una reciente prevalencia agrícola que todavía se puede entrever en medio del proceso de industrialización que ha vivido en las últimas décadas el perímetro de Vigo –ciudad industrial y portuaria, la mayor poblada de Galicia sin ser capital de provincia (Pontevedra) ni autonómica (Santiago). En Valladares se mantienen conatos del mundo rural en cuestiones arquitectónicas, como los hórreos, algunos molinos que continúan en pie o las propias viviendas, casas de dos plantas con pequeños terrenos cultivables, no siempre cultivados. E instituciones atávicas del rural gallego, como la mancomunidad de montes, todavía mantienen aquí su influencia. Y el paisaje montañoso que otorga estar situada sobre la falda de los montes Cepudo y Alba y cerca del Galliñeiro, el pico más alto del sur de Pontevedra.

En Valladares residen unos cinco mil habitantes divididos en siete barrios esparcidos a través de extensos prados, montículos y arboledas. Mi residencia está en el barrio de Barrocas. El concepto de parroquia resulta novedoso para el que esto escribe. Es una división histórica del territorio gallego –pequeños núcleos rurales dispersos geográficamente que dependían de una casa eclesiástica- que todavía se sostiene en el imaginario colectivo, aunque actualmente carezca de función administrativa. En las parroquias no existe la figura del alcalde ni autoridades municipales ni ayuntamiento propio. A este nivel, Valladares depende de las instituciones de la ciudad de Vigo, aunque la identidad y el sentimiento de pertenencia se aposente todavía sobre la parroquia, una simbólica división cartográfica que se sostiene pese haber perdido la fuerte carga y dependencia religiosa que tuvo antaño sobre el rural gallego.

A nivel sociológico, Valladares resulta una zona obrera en una atmósfera rural, lo cual no deja de resultar chocante para el recién llegado. Muchos de sus habitantes trabajan en alguno de los polígonos industriales que abundan por la zona, como el de la Citroën, los astilleros de Vigo, el de Matamá o el propio Parque Tecnológico de Valladares, en proceso de ampliación a costa de unos doscientos mil metros cuadrados de monte colindantes de propiedad privada. También hay residentes que trabajan en el centro urbano de Vigo –situado a seis kilómetros- y una visible población de jubilados. Resulta complicado encontrar a alguien que se dedique a la agricultura o ganadería como principal fuente de ingresos, aunque la mayoría de las familias mantengan testimoniales cultivos destinados al autoconsumo en pequeñas huertas familiares o el cuidado de pequeños rebaños de ovejas, vacas o caballos de monte.

Lo primero que me llama la atención es la dispersión de las viviendas a lo largo de una orografía abrupta. No me queda claro cuál es el centro de la población. Me sacan de dudas: no lo tiene. Al parecer es secular en las parroquias gallegas, de una gran extensión sobre la que se desperdigan las casas sin un orden urbanístico -ni estético- establecido. La carretera que viene de Vigo –la Estrada Xeral de Valladares- atraviesa la parroquia y en uno de sus tramos, a lo largo de 150 metros, encontramos uno de los, podríamos llamar –sin serlo-, espacios públicos de la población. No hay hoteles ni casas rurales ni sucedáneos. Ni cabinas telefónicas ni tampoco quioscos (los dos que habían, permanecen cerrados).

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About Paco Inclán

Paco Inclán (Valencia, 1975). Editor, escritor y agitador socio-cultural. Ha complementado su licenciatura en Ciencias de la Información con varios postgrados que le han permitido especializarse en educación y cooperación. Desde entonces su voluntad creativa desde el punto de vista artístico ha estado vinculada en la puesta en la creación colectiva a través de procesos participativos con grupos humanos. En este sentido ha promovido talleres de prensa, realización de cortometrajes, obras de teatro, play backs/performances o programas de televisión y radiofónicos, contando siempre con la participación e implicación de los usuarios de dichas actividades. Participó como animador socio-cultural en los campamentos internacionales del Forum de Barcelona (2004) y coordinó el Casal de la Juventud de Godella (2001/02). Actualmente edita la revista de arte y pensamiento Bostezo, publicada por la Asociación Cultural Bostezo, en la que ejerce como presidente. Además, es miembro organizador del Festival de Cine de Ciencia Ficción, Fantástico y de Terror Catacumba. Ha colaborado como articulista en varios medios, como el diario mexicano Milenio o la revista Replicante. Ha publicado los siguientes libros: La solidaridad no era esto (2000), reflexiones sobre el trabajo como educador con los niños de la calle en Tegucigalpa, El País Vasco no existe (2004), memoria narrativa de una estancia en el País Vasco y el compendio de su narrativa mexicana en La vida póstuma (2007). Ha sido becado por la Fundación Max Aub y el Instituto de Estudios Catalanes.