Hacia una psicogeografía de lo rural

Cuando se cumplen cuarenta años de la disolución de la Internacional Situacionista, principal órgano del movimiento situacionista, me propongo revisitar uno de sus conceptos más reconocibles a la vez que inquietantes: la psicogeografía, esto es, según definió Guy Debord, el estudio de la influencia del entorno geográfico sobre el comportamiento de las personas. Lo haré con el proyecto “Hacia una psicogeografía de lo rural”, que me llevará hasta Valadares (Pontevedra), una parroquia compuesta por varias aldeas ubicadas en las montañas que rodean la ciudad de Vigo. Allí acompañaré el proceso artístico y vital iniciado hace tres años por el colectivo Alg-a. Mi periodo de residencia se iniciará el 25 de julio y mi idea es poder alargarlo hasta principios de septiembre.

El eje principal de mi proyecto está basado en la ejecución de una serie de acciones que, de alguna manera, recreen/emulen/revisiten algunas de las realizadas por los propios situacionistas en la ‘puesta en práctica’ de la psicogeografía, un concepto que el propio Debord reconoció que guardaba una amable vaguedad en su definición. Los situacionistas buscaban una transformación de las costumbres a través de hilarantes propuestas basadas en el juego y la improvisación (el Homo Ludens que narró Johan Huizinga en 1938). Mi proyecto se apoyará en dos ejes: la conversación aleatoria con los habitantes de la zona -taller de mapeo colectivo-, que me ayudará a elaborar un mapa mental y sensorial (proceso ya iniciado por el colectivo Alg-a y el Banco del Tiempo de Valadares a través de un grupo de trabajo sobre psicocartografía) y la realización de derivas, esto es, andare a zonzo (caminar sin rumbo) por diferentes zonas del lugar con el propósito de atrapar su atmósfera más profunda, más inasible. Para las derivas -“práctica de una confusión pasional por el cambio rápido de ambientes”- me apoyaré en difusas técnicas de desorientación, azar y deambular propuestas en su momento por los situacionistas.

En estos momentos de arranque del proyecto me encuentro recopilando documentación que recoja acciones llevadas a cabo por los situacionistas para adaptarlas, cuatro décadas más tarde (tiempo), a un contexto rural (espacio). Extrapolar la psicogeografía a un ambiente rural supone una novedad dentro del propio término, ya que los situacionistas tuvieron como campo de acción y experimentación la ciudad, los entornos urbanos.

Todo es confuso, tal y como apuntaban los propios instigadores del movimiento. Según la vertiente más lúdica/artística del movimiento -aunque paulatinamente fue derivando hacia cuestiones más políticas- se trataba de jugar, de intervenir en los acontecimientos (construcción de situaciones), de proponer nuevos códigos en las relaciones humanas, una estética relacional que nos ayude a desatarnos de las convenciones sociales imperantes. Ellos apostaban por una revolución lúdica que afectara a lo cotidiano. Ansiaban la aventura y el continuo descubrimiento. Por el propio concepto psicogeográfico, mis propuestas deberán plantearse directamente en el terreno, sobre el contexto dado. Pero igual os centro un poco si os digo que, entre mis ideas iniciáticas, está realizar una guía botánica del polígono industrial de Valadares (descontextualización del espacio, détournement), encerrarme varias horas -acepto visitas escalonadas- en un recinto cerrado (llámese cabina telefónica o cueva, deriva estática lo llamaban ellos) o invitar a cenar a las primeras cuatro personas con las que me cruce que usen una prenda de color rojo en su vestimenta o por cualquier otro motivo azaroso (una técnica situacionista era escoger al azar a sus interlocutores, cita posible lo llamaban). “La misma dificultad de llegar a las realizaciones situacionistas es una prueba de la novedad del dominio en el que estamos penetrando. Nuestras hipótesis de trabajo serán reexaminadas en cada desorden futuro, venga de donde venga”, Debord dixit. En esas estamos.

Todo lo observado, vivido (y sufrido) será anotado y registrado fotográficamente -y publicado en un libro- para uso y disfrute del que quiera adentrarse en esta deriva psicogeográfica. Se aceptan propuestas, sugerencias y condolencias.

This entry was posted in residencias 2011 by Paco Inclán. Bookmark the permalink.

About Paco Inclán

Paco Inclán (Valencia, 1975). Editor, escritor y agitador socio-cultural. Ha complementado su licenciatura en Ciencias de la Información con varios postgrados que le han permitido especializarse en educación y cooperación. Desde entonces su voluntad creativa desde el punto de vista artístico ha estado vinculada en la puesta en la creación colectiva a través de procesos participativos con grupos humanos. En este sentido ha promovido talleres de prensa, realización de cortometrajes, obras de teatro, play backs/performances o programas de televisión y radiofónicos, contando siempre con la participación e implicación de los usuarios de dichas actividades. Participó como animador socio-cultural en los campamentos internacionales del Forum de Barcelona (2004) y coordinó el Casal de la Juventud de Godella (2001/02). Actualmente edita la revista de arte y pensamiento Bostezo, publicada por la Asociación Cultural Bostezo, en la que ejerce como presidente. Además, es miembro organizador del Festival de Cine de Ciencia Ficción, Fantástico y de Terror Catacumba. Ha colaborado como articulista en varios medios, como el diario mexicano Milenio o la revista Replicante. Ha publicado los siguientes libros: La solidaridad no era esto (2000), reflexiones sobre el trabajo como educador con los niños de la calle en Tegucigalpa, El País Vasco no existe (2004), memoria narrativa de una estancia en el País Vasco y el compendio de su narrativa mexicana en La vida póstuma (2007). Ha sido becado por la Fundación Max Aub y el Instituto de Estudios Catalanes.